Las olvidadas…
Posted by in Sin categoríaNuestro cuerpo es un mapa de sensaciones recubierto por miles de terminaciones nerviosas responsables de que sintamos placer o dolor. Estos meridianos representan autopistas y caminos que de una manera u otra nos pueden llevar o no al éxtasis.
En el libro del Kamasutra los amantes van descubriendo cada una de estas zonas, dedicándoles tiempo, pasión y devoción, siendo el objetivo máximo que su amante alcance el máximo placer experimentado.
En el mundo occidental, tal vez por falta de una educación realmente efectiva en cuanto al sexo o porque nuestras vidas se enfocan más al objetivo en sí que no al disfrute, olvidamos miles de terminaciones nerviosas que aunque se desmarcan de las líneas o meridianos habituales, son capaces no sólo de conseguir el clímax sino experimentar un cambio en el amante, conectando con el momento y desinhibiendo de todo pudor, tabú o vergüenza… esas bifurcaciones del camino tradicional son las zonas olvidadas.
Tras haber escrito “Qué nos pone a nosotras” donde el título del mismo creó mucha controversia ya que no hablaba explícitamente de lo que nos pone/excita a las mujeres, he decidido abarcar este nuevo post desde una perspectiva poco habitual y rompiendo moldes acerca de las habituales zonas erógenas para dedicarme a esas otras áreas, que si nuestro amante sabe apreciar y explotar, logrará despertar una mujer mucho más desinhibida, relajada, segura y muy muy sensual.
Así que no me voy a dedicar a enumerarlas sino a explorarlas:
- La nuca; El simple gesto de retirarnos el cabello a un lado o el acto de coger con una o dos manos nuestra nuca justo antes de besarnos, hace que todos nuestros sentidos se pongan a flor de piel.
- Los tobillos: Muchas veces nos dedicamos a los pies como zona tradicionalmente erótica, pero si subimos un poco más y lamemos haciendo círculos en la zona interior, con pausa, lentamente así como los masajeamos con cariño y suavemente produce dos cosas en la mujer; relajación, cosa que lleva a desinhibirnos y por otro lado un cosquilleo excitante que eriza cada milímetro de nuestra piel.
- Los hombros: Esos grandes olvidados por la cercanía con el cuello pero que son tanto o más placenteros. En la suavidad está el truco, tomarse su tiempo, con la lengua, con los labios, con las manos, siempre sin apretar y disfrutando del placer que la irá invadiendo. Esta zona genera en la mujer la capacidad de desconectar de su entorno y conectar con su amante.
- Muñecas, antebrazos y manos: Su sensibilidad es extrema así que la trataremos con la máxima suavidad sino puede generar todo lo contrario; “rechazo”. Los labios y el masaje son sus mayores aliados y por su proximidad a la cara del amante se crea un lazo de complicidad.
- Los muslos y las rodillas por su proximidad las incluimos en la misma partida aunque el trato es diferente. Las rodillas tienen su punto más erógeno justo detrás, en la línea por donde se dobla la piel, así que empezar por aquí para despertarlas, siempre con mucha delicadeza, sin morder ni apretar y de ahí subir hacia la zona interior de los muslos (mucho mejor si está boca arriba). Primero acariciando con los dedos, luego con los labios y terminando con la lengua. Aquí el objetivo no es acabar en su zona más erógena, sino generar tanto placer que ella suplique y desee más.
El hecho no es tener unas pautas a cubrir, sino disfrutar de cada una de ellas y observar la transformación que provocará en nosotras. Para tratar de una manera más natural estas zonas olvidadas os recomiendo jugar e introducir el aceite, ya que os llevará de manera muy sencilla a cada una de las zonas por descubrir.
En breve escribiré la réplica en masculino, así que os animo a escribir y dejar vuestros comentarios acerca de otras zonas que conozcáis, de cual es vuestra zona preferida, etc..






