PROVOCAME!

Posted by sara in Sin categoría

Todos hemos oído hablar de las zonas erógenas de nuestro cuerpo, sí esas zonas que estimulándolas con pasión, ingenio y creatividad te pueden llevar al limbo del deseo… el interior de las muñecas, el cuello, los lóbulos de las orejas, los tobillos, los hombros… son algunos de estos puntos o zonas, Pero no creéis que nos dejamos uno? Uno que es mucho más intangible pero también capaz de darnos el mayor placer… No hablamos de otro que no sea esa masa gris que nos envuelve, nos mueve y nos motiva llamada cerebro.

Los hombres reciben miles de imputs que excitan y provocan su cerebro… las mujeres con sus vestidos, la publicidad, un escote descarado o insinuante, las piernas al bajar de un taxi, el aire que acariciando le levanta el vestido, los labios, un gesto, una sonrisa atrevida, una mirada directa, unos pantalones estrechos, el último desfile de los Ángeles de Victoria Secret, un susurro… ellos reciben miles de impulsos visuales que le provocan y le incitan.

Además de que tenemos menos imputs, las mujeres somos menos visuales y más de acción, más de provocación… una conversación subida de tono, una película erótica, un libro de sonrisa vertical, un mensaje, un susurro con las palabras adecuadas, regodearse en los detalles, fantasear… Y es aquí donde me pregunto, ¿por qué pocos hombres se atreven a PROVOCAR?

¿Tal vez por miedo al rechazo? ¿Pero y si hablamos de un matrimonio? ¿Porqué ella se pone una lencería o le espera con una noche especial y en cambio él no la PROVOCA?

Así que tras una consulta entre amigos, conocidos y desconocidos me he dado cuenta de que muchos de vosotros, apasionados varones, no sabéis cómo provocarnos. ¿Y sabéis una cosa? Nos ENCANTA! Que seáis descarados, directos, elegantes, insinuantes o lanzados… cada uno tendrá su estilo pero por favor PROVOCARNOS.

¿Y como hacerlo diréis, no? ¿Cómo se provoca? Antes de nada tenemos que tener claro que la provocación sólo tiene un objetivo y no es otro que despertar en la mujer sus instintos más salvajes de deseo, así que no hay que hablar del tiempo. Es decir, que cada gesto, verbo o palabra debe tener un tono erótico, digamos que picante.

¿Habéis probado en hacer el amor a tu amante vía sms?¿O vía email? Excitarla describiendo el recorrido de vuestra lengua, de vuestras manos, explicando que desearíais hacer si la tuvierais cerca… o decirle a la oreja cómo os hace sentir su cuerpo desnudo pegado a vuestra espalda… o lo que imagináis cuando se pone esa falda que marca sus caderas…

Si no lo habéis hecho, hacedlo y felicidades para los que lo hayáis  hecho porque habréis podido comprobar cómo se nos despiertan todas las hormonas, el deseo nos envuelve y nos nubla la razón.

Por favor, PROVOCAME!

P.D: Os animo a escribir cómo os gusta que os provoquen, cómo desearíais que os provocaran y también a dar ideas de provocación.

Una de las conversaciones habituales entre las amigas después de una cita perfecta con un supuesto príncipe azul es… “¿llamo yo primera? ¿Cuánto debo esperar para llamar o mandar un mensaje?¿Me llamará?¿Cuánto tardará?¿Mensaje o llamada?¿Llamará?”… al pasar unos días surge esa llamada tanto por alguna de las dos partes esperando los días y timings que nuestros consejeros y nuestro corazón nos dictaminan.

Segunda cita… “¿Si quiero algo más o menos serio o me gusta de verdad, ya sería un buen momento para acostarme con él? Aunque me muero de ganas pero quiero demostrarle que valgo”. Si fuerais seguidores de Sex and the City, sobre este tema tendríamos una de las grandes consejeras; Charlot York. Su teoría es que la “espera” va directamente proporcional a la duración de la relación llegando a postergarlo hasta un máximo de 3 semanas. Si tenemos en cuenta que muchas “primeras citas” tienen una duración no mucho más larga de esas 3 semanas, nos damos cuenta que tal vez durante ese tiempo nos podemos haber perdido una de las razones por las que continuar con él y no dejarlo.

Existe hasta “LA MALDICION DEL SEXO EN LA PRIMERA CITA”, donde si surge luego no volverás a tener una segunda cita y que por dejarnos llevar por nuestros instintos más salvajes de deseo, luego nos vemos arrastradas a pasar días pensando, pensando, pensando y pensando creyendo que así podríamos cambiar ese primer encuentro.

Tercera cita o preámbulo de la misma… “¿Me gusta, pero debo demostrárselo?¿Me doy mi tiempo para que vea que soy independiente y no estoy enganchada?¿Voy a hacerla sufrir un poquito? Que no sepa que me gusta tanto… ¿Una quedada con amigos?”. Otra vez el timing y el disimular lo que sentimos, lo que nos apasiona, pintando con cada pincelada nuestros sentimientos para que no vean la luz.

En este punto me viene a la memoria la última película de Julio Medem “Room in Rome” (Habitación en Roma), donde tras una presentación y dirección espectacular nos muestran esta forma tan apasionada que tenemos de amar las mujeres y que por miedo a la incomprensión del escéptico y defensor de su independencia del varón que nos acompaña, le ponemos riendas para guiarla y dejar paso a la razón.

Un consejo apreciados varones, si una mujer es lo suficientemente valiente para soltar esa rienda y realmente os gusta… dejaros de escepticismos y racionalismos, cerrad los ojos y disfrutad, seguro que os llevarán a un mundo maravilloso que por lo menos habrá valido la pena el vivir un momento tan… tan… tan inexplicable.

A todas estas preguntas se unen el qué decir, qué contar o no, qué vestir y cómo… es decir que mientras los inicios de esa relación en la que se supone estás intentando conocer a la otra persona para saber si realmente te cuadra, todos nos calzamos nuestras máscaras como si de un baile del carnaval de Venecia fuera todo esto.

La realidad es que no hay reglas, hasta metiendo la pata de la forma más escandalosa, puede hacer que el otro realmente se interese por ti… Ni acostarse la primera noche, ni cumplir o no con los timings esperados, ni mostrar o no lo que sentimos nos da la garantía de que vaya a ir bien o mal. Si realmente es la persona, funcionará y sino no.

Pero no sé porqué, estas estúpidas reglas nos dan seguridad para entreabrir nuestro corazón para que entre líneas el o ella vean la belleza de nuestro alma.

Así que señores, señoras… ¿Jugamos?